Los soldados del Batallón Colombia son los combatientes casi olvidados y, para muchos todavía desconocidos, de un conflicto bélico que ocurrió hace más de 70 años, a casi 15.000 kilómetros de distancia del país colombino.

Pocos saben que numerosos soldados colombianos participaron en la Guerra de Corea, el primer gran enfrentamiento armado de la Guerra Fría. Y en aquel momento, ni ellos mismos parecían saber de qué se trataba, puesto que muchos de aquellos militares creían que iban a Crimea o directamente desconocían hacia dónde partían.

Colombia fue, de hecho, el único país de América Latina que respondió al llamamiento de la ONU para apoyar a Corea del Sur luego de la invasión por parte de Corea del Norte en junio de 1950. El Batallón Colombia fue un batallón de infantería del Ejército Nacional de Colombia que sirvió con el Comando de las Naciones Unidas en Corea del Sur. Fue la primera división militar colombiana en combatir en Asia y sirvió junto a la Séptima y la Vigésimo Cuarta divisiones de la Infantería de Ejército de los Estados Unidos durante la Guerra de Corea.

Prestó servicio de 1951 a 1954. En total, el país suramericano aportó tres fragatas (las ARC Almirante Padilla, ARC Capitán Tono y ARC Almirante Brión) y un batallón de infantería, que a lo largo de sus tres años de participación sumó unos 4.750 efectivos, aunque otras fuentes sitúan la cifra en 5.100 soldados, de los cuales 163 perdieron la vida, si bien hay fuentes que establecen las cifras en 4314 combatientes y 130 o 131 bajas.

Estados Unidos esperaba que los países latinoamericanos aportaran una Compañía de hombres, pero de México, Argentina y Brasil esperaban un compromiso a nivel de Regimiento. Si bien todas las naciones latinoamericanas apoyaron las acciones emprendidas por las Naciones Unidas, muy distinta fue la reacción en cuanto a comprometer sus tropas en un escenario tan alejado como el asiático, máxime sabiendo que en realidad se trataba de una lucha entre la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Además, y no menos importante, cuando no el motivo determinante, estaba el costo de embarcarse en semejante aventura. La participación de cada país incluía que cada Estado cubriría los costos del despliegue y manutención de sus hombres. Los Estados Unidos suministrarían lo necesario, pero al final le pasaría la cuenta a cada gobierno.

El día 30 de junio de 1950, el presidente electo de Colombia, Laureano Gómez Castro, en un discurso ante la Sociedad Americana, sostuvo «su aprobación a una pronta y enérgica acción de los Estados Unidos en Corea y el apoyo irrestricto de su próximo gobierno en defensa de los derechos humanos.» Gómez Castro ofreció una unidad naval a las fuerzas aliadas y dos semanas más tarde agregó a su compromiso un batallón de infantería, que aún no se había creado.

Dado su odio visceral contra el comunismo, con este gesto Gómez Castro comenzaba a insinuar el apoyo militar que Colombia aportaría al conflicto coreano pero también había otras razones. Desde 1949, el ex presidente Ospina Pérez se había atrevido a clausurar el Congreso, que permanecía cerrado por las instigaciones de los congresistas liberales que buscaban hacerlo caer del poder.

Colombia vivía en un estado de corte netamente dictatorial, además del ultraderechismo reconocido del presidente electo, gran admirador de Mussolini, Franco y Hitler, a lo cual había que agregar que el orden público seguía desbordándose y quizá por eso ésta fuera una oportunidad para congraciarse con Washington y a la vez obtener nuevos suministros militares que requerían con urgencia las Fuerzas Armadas.

El 28 de julio de 1950, el ministro de Guerra, Roberto Urdaneta, había ofrecido formalmente la aportación de una fragata de la Armada de Colombia, la Almirante Padilla. Tras ser aceptado su ofrecimiento, la fragata fue enviada de Cartagena a la base naval de San Diego (California), bajo el mando del capitán de corbeta Julio César Reyes Canal, con el fin de adelantar reparaciones, adecuar su equipamiento para la misión de guerra y entrenar a la tripulación.

Fragata Almirante Padilla, una de las tres enviadas por Colombia al conflicto coreano.

Tras ser ratificado en el cargo por el nuevo presidente Gómez el 7 de agosto, Roberto Urdaneta formalizó el 14 de noviembre la oferta de un batallón de 1080 hombres a las fuerzas de las Naciones Unidas combatiendo en la península coreana. El Decreto 3927 de diciembre de 1950 creó el Batallón de Infantería N.º 1 Colombia, con destino al ejército de las Naciones Unidas en Corea. Pasaría a la historia como el Batallón Colombia o el Colombia, en su forma abreviada, familiar y coloquial.

El 15 de junio de 1951 las tropas colombianas del Batallón Colombia hicieron presencia en la guerra de Corea bajo el mando del Teniente Coronel Jaime Polanía Puyo. Los colombianos viajaron en el Aiken Victory, buque transporte de la US Navy con base en la Bahía de Pusan. El Aiken había zarpado de Colombia en mayo y realizó una escala en Hawái antes de llegar a su destino. Al día siguiente el buque atracaba en el muelle y los militares suramericanos recibían la bienvenida por parte del presidente surcoreano Syngman Rhee.

El transporte USNS Aiken Victory en un puerto de Corea del Sur.

Al fondo de la ceremonia de bienvenida se apreciaban los pañuelos blancos de algunos de los soldados colombianos que habían sido transportados por vía aérea al no haber vuelto intencionadamente al Aiken Victory durante la escala en Hawái (posteriormente serían sometidos a un consejo de guerra). Los colombianos de inmediato se instalaron en más de un centenar de carpas que podían albergar cómodamente a diez hombres cada una. Próximas al batallón colombiano estaban las tropas etíopes.

Se inició entonces un intensivo entrenamiento que ocuparía al batallón durante las siguientes seis semanas. Muchas de las armas les eran desconocidas, lo que entrañaba serías dificultades pues pasaban del manual de instrucciones a la cruda realidad del combate real. El Batallón Colombia recibió una calificación de sobresaliente por los estrictos y exigentes instructores estadounidenses, demostrando que los colombianos estaban listos para entrar en acción.

El General Blackshear Bryan de la Vigésima Cuarta División se convirtió en el nuevo comandante del Colombia, que bajo el mando del coronel español-estadounidense Ginés Pérez fue agregado al Regimiento 21.º de Infantería cerca de Chunchon, sobre el valle de Puk-han. Al estar el batallón colombiano en la reserva, sus tropas se dedicaron al entrenamiento y patrullaje contra acciones guerrilleras norcoreanas.

El coronel Ginés Pérez había insistido mucho en que el Batallón Colombia fuera integrado a su unidad. Como hispano quería comandar tropas de su misma ascendencia y lo había logrado. Así que quiso inaugurar al Batallón en combate el 7 de agosto de 1951, día de la batalla de Bocayá, con tres patrullas de reconocimiento ofensivo. El Teniente Coronel Polanía envió una compañía bajo el mando del capitán Álvaro Valencia Tovar. Los comandantes de pelotón fueron los subtenientes Rafael Serrano, Eduardo Arguello y Bernardo Lema. La patrulla sufrió once heridos tras ocupar el objetivo en su bautismo de fuego en Corea.

El 2 de octubre de 1951, la 24.ª División recibe órdenes de relevar a la 7.ª División en el frente. El coronel Ginés Pérez fue relevado por el coronel Vander Heide en el comando del Regimiento 21.º, unidad del Batallón Colombia. Comienzan las patrullas en el frente. El día 7 cayeron los primeros tres héroes, el Sargento Segundo Daniel Hurtado, Cabo Primero Helio de Jesús Ramos Henao y soldado Oliverio Cruz Herrera.

Dos patrullas se habían destacado. La primera alcanzó su objetivo y regresó sin novedad pero la segunda, al mando del Teniente Guillermo Peláez, al avanzar por el valle recibió fuego de morteros. Al regresar tomó contacto con una patrulla estadounidense en misión similar cuando los chinos incrementaron su fuego de granadas y morteros causando la muerte inmediata de tres unidades de los estadounidenses y del Cabo Ramos Henao. El Sargento Daniel Hurtado y el soldado Oliverio Cruz resultaron heridos, falleciendo al ser evacuados antes de recibir los primeros auxilios.

Llegaría el 13 de octubre de 1951 para que el Batallón Colombia participara en la Operación Nómada. Tres pendientes escarpadas eran el objetivo. Los cerros 23, 24, 25 que para los colombianos eran La Teta, Don Polo (en referencia a Polanía) y el Chamizo (en referencia al Teniente Valencia Hurtado). Las Compañías A y C tendrían como objetivo el Chamizo y Don Polo.

Saliendo antes del amanecer para aprovechar la oscuridad, el subteniente Raúl Martínez al frente de la Compañía C alcanzó su posición en La Teta antes de aclarar el día. A las 8:00 a. m. se emitió la orden de atacar sin fuego de preparación para garantizar la sorpresa. Cayeron los primeros heridos, el cabo primero Jorge R. Vallejo, comandante del la Primera Escuadra, el operador de radio y cuatro soldados.

Primer prisionero chino capturado por soldados del Colombia.

Las acciones de los hombres del Batallón Colombia durante la Operación Nómada merecieron el reconocimiento tanto del gobierno coreano como del estadounidense. Las citaciones presidenciales de ambas naciones permanecen adheridas a su bandera. El Mayor General Blackshear Bryan, Comandante de la Vigésima Cuarta División, afirmó a propósito de la valentía, el coraje y el arrojo exhibido por los colombianos en dicha operación:

«He combatido en tres guerras y pensé que nada me faltaba por ver en el campo del heroísmo y de la intrepidez humana. Pero me faltaba ver combatir al Batallón Colombia.»

Tras pasar la primera navidad en las trincheras soportando un clima helado, el día 31 de diciembre de 1951 se desplegaron 3 patrullas con ordenes de cruzar las líneas enemigas. Correspondió al subteniente Camilo Torres Cruz comandar el tercer pelotón de la Compañía A, cuyo objetivo fue alcanzar los escombros de la aldea Cho So-ri, dos kilómetros al norte de los puestos de avanzada.

Los informes de inteligencia coincidieron con los hallazgos de la patrulla por lo cual Torres solicitó fuego de artillería sobre los objetivos descubiertos. La unidad se lanzó al ataque siendo impactados y muertos el cabo Gonzalo Sánchez así como el soldado Hidalgo. Sin embargo se cumplió la toma de la posición.

La respuesta china al éxito operativo del Batallón Colombia en la Operación Nómada no se hizo esperar y devolviendo un intenso fuego se evidenció un contraataque de fuerzas superiores, por lo cual el subteniente Torres ordenó el repliegue para cubrirse con la defensa de la artillería propia. El fuego de ametralladoras enemigo hirió al soldado López y en el repliegue de toda la unidad hacia terreno seguro fueron heridos el cabo Duarte y dos camilleros coreanos.

Tras la Operación Nómada, que hemos explicado sucinta y parcialmente en las líneas anteriores, la siguiente operación de envergadura que implicó a los valerosos colombianos fue la Operación Thunderbolt. A partir del 11 de mayo de 1952, el general Lyman L. Lemnitzer desarrolló dicha operación en prevención de una posible ofensiva china.

Una impresionante potencia de fuego fue desplegada sobre los cerros 1100 y 400 con bombardeos aéreos complementando la artillería de la 7.ª División, a la que había sido adscrita el Batallón Colombia tras finalizar la Operación Nómada y el envío de la Vigésimo Cuarta División a Tokio.

Parada militar para recibir al Colombia en el 31.º Regimiento dentro de la 7.ª División.

En vecindades del cerro 400 un tanque pasó por encima de una mina, quedando inutilizado y heridos sus tripulantes. El teniente Valencia (S-3) ordenó una misión de rescate, recuperando el vehículo averiado y poniendo a salvo a sus tripulantes. El Teniente Coronel Polanía Puyo recibió la solicitud del coronel Cox, Comandante del Regimiento, para que el S-3 del Batallón Colombia, capitán Álvaro Valencia Tovar, fuera asignado como miembro efectivo del Estado Mayor del Regimiento en calidad de S-3. Único caso que se registró en todo el Octavo Ejército.

El 10 de junio de 1952, el comandante encargado del Batallón, Mayor Luís Etilio Leiva, recibió la orden de operaciones Top Secret para la Operación Climber. El objetivo era el asalto al temible cerro 400. La inteligencia militar hacia meses que no recibía nuevas informaciones pues no había recientes capturas de prisioneros con información valiosa. Urgente era actualizar con nuevas informaciones a los servicios de inteligencia.

La misión se le encomendó a la Compañía A del capitán Luís M. Galindo Vargas. Sus oficiales eran los tenientes Carlos E. Leaño Gómez, Jaime Garzón Garavito, Bernardo González Quiroz y los subtenientes Víctor H. Salguero Flores y Mario N. Bernal Avella. Bernal Avella, al mando del Tercer Pelotón, fue designado para el asalto a la posición. Leiva seleccionó un terrero similar en la retaguardia y allí ensayó la operación de asalto. Día y noche obligó a sus hombres efectuar las maniobras hasta alcanzar la perfección.

El 21 de junio la Compañía A partió hacia el objetivo. Traspasaron las posiciones propias con efectivos estadounidenses y los pelotones primero y segundo se ubican en sus posiciones de apoyo, a trescientos y cien metros respectivamente. Veinte minutos después cruzó hacia el objetivo el subteniente Bernal con el pelotón de asalto. Faltando cincuenta metros, fue descubierto por el enemigo que reaccionó de inmediato con fuego de armas automáticas y granadas de mano.

Batalla del Cerro 400.

Recibiendo fuego de apoyo ya acordado previamente, el subteniente Bernal lanzó el asalto con bayoneta calada para combate cuerpo a cuerpo. Antes de ocupar el objetivo todo fue un infierno ensordecedor: explosiones de artillería, morteros, granadas, tanques, cohetes y los disparos de ametralladoras y armas automáticas.

El subteniente Bernal lideró con gran ímpetu el ataque, seguido por los cabos Campos y Ospina, quienes a pesar de estar heridos continuaron avanzando en forma rauda y eficiente llevando al resto del pelotón. Tomado el objetivo, el soldado Pedro Alcántara Pira, saltaba emocionado en la cima ondeando una pequeña bandera tricolor hasta recibir un disparo que le provocó una herida no mortal. El pabellón tricolor fue recogido por el cabo Delgado, quien siguió ondeándolo hasta que los camilleros recogieron al soldado Alcántara.

Las bajas fueron del pelotón de asalto: el soldado Juan de Dios Gómez, muerto con bayoneta por un chino y 15 heridos. En el pelotón del teniente González, el cabo segundo Miguel Sierra Suárez y el soldado Gilberto Melgarejo Pinzón, muertos por la artillería pero sus cuerpos fueron capturados por el enemigo. En el pelotón del subteniente Salguero, el soldado Francisco Sanín Romero murió por heridas de metralla de mortero.

Los oficiales estadounidenses no salían de su asombro ante la valentía mostrada por los militares colombianos. El General Peabody, en referencia al asalto al cerro 400, comentaría que el General Lemnitzer le había dicho que era la mejor acción coordinada que había visto en toda su carrera militar.

La guerra ofensiva había terminado al final de la Operación Nómada. Las esperanzas para finalizar la guerra se redujeron a la mesa de conversaciones en Pan Mun-yung. El Octavo Ejército se dedicó a fortificar las líneas que habían alcanzado. A partir del segundo semestre de 1952, la guerra continuó pero en las trincheras. El ejército de las Naciones Unidas se dedicó a operaciones de constantes patrullajes y ataques de objetivo limitado.

El 29 de diciembre de 1952, el Batallón Colombia es trasladado al área de Konsong-gol. Seguía el mismo tedioso trajín de relevos periódicos que oscilaban entre áreas de reserva con sus correspondientes entrenamientos intensivos y paso a la línea de fuego en el frente, llena de patrullajes de combate diurnos y nocturnos, que ponían a prueba la tenacidad colombiana. Las bajas eran hombres heridos principalmente a causa del fuego enemigo lanzado de forma insistente sobre el frente.

Ya en marzo de 1953, las misiones que más fama, pero también más bajas, le reportaron al Batallón Colombia en su actuación en Corea fue atacar y destruir las posiciones que se encontraban localizadas sobre el cerro 180 y la defensa del cerro Old Baldy. Con tres cimas que recibían la denominación táctica de 180A, 180B y 180C, se estimaba que el cerro 180 permanecía ocupado de día por un pelotón de fusileros chinos reforzado con dos ametralladoras punto 50 y dos morteros de 60 mm.

El comandante del batallón manejó oportuna y adecuadamente la acción. Se respondió con celeridad a las demandas de fuego y el tercer pelotón se desplazó con rapidez en apoyo del escuadrón de asalto, pero la resistencia china en el cerro 180 superó las estimaciones optimistas que se hicieron al respecto. Las casamatas, que se suponían destruidas o al menos debilitadas por los fuegos de ablandamiento efectuados tres días atrás, estaban sólidas y había una excelente defensa. El apoyo de artillería del enemigo en los cerros vecinos indicaba un plan efectivo de las defensas chinas, de manera que la capacidad de combate colombiano se vio menguada por las cuantiosas bajas.

Con todo, el Batallón Colombia combatió ferozmente. Se estima que las bajas enemigas debido al combate cuerpo a cuerpo y al intenso apoyo que recibieron del batallón y de las puestas por el regimiento y división, superaron con mucho a las sufridas por la unidad colombiana. Contabilizadas las bajas, una vez llegados varios rezagados al puesto de reunión de heridos, estas fueron de 11 muertos, 43 heridos y 10 desaparecidos que se supuso habrían caído prisioneros.

Oficiales colombianos posando sobre pieza de 105 mm.

Aunque la misión de capturar prisioneros y documentos no pudo cumplirse y el porcentaje de hombres y armamento perdido en la acción fue muy alto, el batallón cumplió la tarea encomendada. Comunicaciones interceptadas al mando enemigo confirmaron la realización del asalto y el combate cuerpo a cuerpo, pero la cantidad de bajas sufridas por los pelotones de asalto no permitió la toma y la conservación del objetivo.

Una nueva incursión no podría hacerse con menos de un batallón atacando varios frentes simultáneamente. Había fallado la inteligencia del Regimiento, un grave error cometido por el Mando del 31.o, que pagó su precio con la sangre de las valerosas tropas colombianas. El Colombia, a pesar de las pérdidas sufridas en el sangriento ataque al cerro 180, fue enviado dos días después al frente de batalla, relevando al 1.º Batallón del Regimiento.

El sector que le correspondió defender a la unidad colombiana era uno de los más difíciles del frente. En un peligroso sector de tres kilómetros que incluía el cerro Old Baldy o Monte Calvo (también Viejo Calvo), llamado así pues en un principio había tenido una zona boscosa en su cima, pero la aviación, artillería y morteros estadounidenses la había bombardeado hasta aplanarla totalmente.

Desde 1951, Old Baldy había sido el escenario de varias batallas anteriores. Había sido ocupada por los estadounidenses y luego recuperada por los chinos en muchas oportunidades. Por un costado de Old Baldy venía una carretera que comunicaba directamente con Seúl. De allí la importancia estratégica del cerro: había que mantenerlo para evitar que la carretera quedara en manos del enemigo.

Desde su llegada, el Colombia recibió sin tregua el afecto amoroso del fuego de cañón, mortero y ametralladora. A partir del día 20 de marzo comenzó un martilleo incesante de artillería china sobre las posiciones del Regimiento 31.º. En Old Baldy, el Segundo Batallón se encontraba a la izquierda del Batallón Colombia y el Tercer Batallón estaba en el cerro Pork Chop, lo que colocaba a los colombianos en medio de los dos batallones estadounidenses. Un ataque de artillería china de esta naturaleza solo denota que se estaba ablandando el terreno para facilitar un ataque. Comunicaciones interceptadas y la llegada de desertores chinos confirmaron el ataque. La noticia fue transmitida inmediatamente al escéptico coronel Kern.

El Batallón Colombia desplazándose hacia Old Baldy.

Dos regimientos chinos habían lanzado un ataque perfectamente sincronizado sobre Dale. Mientras se distraía al mando del Regimiento con el ataque anterior que tocaba al batallón estadounidense contiguo a la compañía colombiana, otro regimiento chino avanzó en medio de la oscuridad hacia Old Baldy y se situó en posiciones de asalto mientras caía una lluvia espantosa de artillería enemiga. El incesante bombardeo de ese y días anteriores habían logrado con creces sus objetivos de ablandamiento, destruyendo buena parte de las alambradas y minas, dejando sin defensas las trincheras al ataque directo.

Toda la noche se combatió ferozmente en medio de la confusión causada por la oscuridad y por la presencia de elementos de dos compañías colombianas en Old Baldy, pues el relevo al no concluir mitad de la C continuaba en el frente con mitad de la B. La situación de la defensa no podía ser más débil. Un batallón chino completo atacando y dos compañías adicionales reforzándolo era una fuerza demasiado grande contra las tres compañías del Colombia.

El Batallón Colombia quedaba reducido a sus propios medios, la unidad colombiana carecía de reserva para contraatacar. La Compañía A, que hubo de replegarse ante la ferocidad del ataque que precedió al de Old Baldy, se hallaba empeñada en recuperar la parte penetrada por los chinos con sus propias fuerzas. La B y la C, a mitad del relevo, en tal confusión que nada podían hacer.

A pesar de la adversidad y el aparente funesto destino, el Batallón estuvo a punto de quebrar la fuerza del asalto chino, como se comprobó por una angustiada comunicación interceptada por la inteligencia de la División, en la que el comandante del batallón de asalto chino afirmaba que era imposible tomar la altura 266 (Old Baldy). La respuesta del mando chino fue implacable: tomar la altura o sufrir las consecuencias. Momentos después se anunció el envió de refuerzos.

En ese momento el comando de la División ordenó convertir en tierra de nadie el cerro y comenzó el más temible bombardeo sobre Old Baldy. El Batallón Colombia no había podido recuperar sus hombres rezagados, heridos o muertos. Todos quedaron a merced de la aviación estadounidense, inclemente en su accionar.

Lamentablemente en esta oportunidad todo estaba en contra del Batallón Colombia. Pero no fueron sus hombres sino los errores de los mandos estadounidenses y la apabullante superioridad numérica de las fuerzas chinas asaltantes los que causaron la pérdida definitiva del cerro. De los militares colombianos 95 habían muerto, 97 resultaron heridos y 30 desaparecidos. Más del 20 % del batallón había caído en Old Baldy. El 24 de marzo, al día siguiente del trágico combate, el Batallón Colombia fue relevado para su reorganización.

La prensa colombiana se enorgullecía de su Batallón.

El día 26 de marzo, el temple de la unidad colombiana fue puesto a prueba una vez más, al ordenar el coronel Kern su reingreso a la línea de fuego. Medida incomprensible para el batallón que dos días antes había pasado por semejante prueba infernal. No hubo ni queja ni protesta. Se ejecutó la mal meditada orden con estoicismo y gran sentido del deber, algo que a buen seguro el comandante estadounidense del regimiento no supo valorar.

Las elevadas bajas en Old Baldy y la actitud del comandante del regimiento, el coronel Kern, deterioraron las relaciones con el comando del batallón colombiano. Kern sostenía que el podía disponer y mover la compañía de reserva estadounidense asignada al Batallón Colombia cuando lo necesitase y como lo creyera conveniente. El coronel Ruiz Novoa le señaló que el mando estadounidense había aceptado que el ataque principal había sido contra el cerro 266 u Old Baldy y no contra Pork Chop, y que Kern se había equivocado al hacer rotar las compañías durante el inicio del ataque y luego al dejar al batallón a su suerte sin la compañía de reserva y no haberlo consultado, ni coordinado, ni siquiera avisado al comandante colombiano.

A raíz de las enormes bajas sufridas por el Batallón Colombia, partió hacia Corea el Teniente General Régulo Gaitán Patiño de la cúpula militar colombiana. En el Comando Supremo de las Naciones Unidas, el coronel Ruiz Novoa expresó francamente su disgusto por la actuación del coronel Kern. Así el general Arthur Trudeau, comandante de la 7.ª División reasignó al Colombia al Regimiento 17.º y la unidad continuó con los Búfalos hasta el final de la guerra.

Al final de la guerra las estadísticas de la participación colombiana, según las fuentes más contrastadas, son 130 hombres muertos en combate, 448 hombres heridos en combate, 69 hombres desaparecidos en combate, 28 hombres prisioneros y canjeados, 2 hombres caídos prisioneros y en poder del enemigo. El Batallón Colombia y el pueblo colombiano pagaron un alto precio por su participación en la guerra.

Militar colombiano recibiendo una condecoración.

No obstante, su participación y sacrificio obtuvo recompensa en la forma de una larga lista de medallas y condecoraciones (Estrellas de Plata y Bronce) que muestran el valor demostrado por los soldados y oficiales colombianos. Los militares colombianos dejaron muy en alto el nombre del país ante sus pares de todas las Fuerzas de las Naciones Unidas.